Hoy el mundo recuerda el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, una fecha que conmemora la liberación de millones de personas sometidas a la servidumbre más brutal de la historia.
Un día para recordar lo que fuimos capaces de hacer como humanidad… y también para preguntarnos qué queda realmente de todo aquello
Porque la esclavitud, la de látigo y grillete, puede haber desaparecido oficialmente
Pero nació otra, silenciosa, más sofisticada, más difícil de señalar con el dedo.
Una esclavitud que no se reconoce como tal porque —como ya intuían los romanos— la mejor forma de someter a alguien es conseguir que no se sienta esclavo
Hoy nadie nos encierra en un barracón, hoy las cadenas no son de hierro, hoy las cadenas se llevan en el bolsillo, en el banco, en la nómina, en la pantalla.
Las nuevas cadenas
Trabajamos para vivir, pero cada vez es más evidente que muchos viven para trabajar
Pagamos impuestos, pero asistimos atónitos a cómo se diluyen entre burocracias infinitas
Tenemos más derechos que nunca, pero menos tiempo que nunca para ejercerlos y también más obligaciones, más leyes, más reales decretos, más imposiciones, más …..
Tenemos más información que ninguna generación anterior, pero estamos atrapados en pantallas que deciden qué pensamos, qué sentimos y cuándo reaccionamos
Somos esclavos de horarios, de hipotecas imposibles, de alquileres abusivos, de tecnologías que nos absorben, de trabajos que no siempre permiten llegar a fin de mes.
Y mientras tanto, existen quienes disfrutan de un ecosistema paralelo.
Una cúpula de élites que no pisa la realidad del resto. Un entramado de cargos, fundaciones, sindicatos, consejos de administración y organismos que se alimentan a sí mismos. Una clase política europea que se protege, se blinda, se acomoda y repite discursos sobre igualdad mientras vive muy por encima de la mayoría social
Europa, el viejo imperio disfrazado de modernidad
Da igual el país España, Francia, Alemania. Los nombres cambian, pero el guion es el mismo
Un sistema que promete libertad, pero a menudo solo garantiza dependencia
Dependencia del salario
Dependencia del banco
Dependencia de las ayudas
Dependencia de la tecnología
Dependencia de un modelo económico que exige productividad total y recompensa con incertidumbre permanente.
Hace siglos el amo era visible.
Hoy el amo es un algoritmo, una factura, un trámite, un recibo que sube sin explicación
Un sistema que dice defender a la gente, pero que se sostiene gracias a que esa misma gente no deje nunca de producir
La esclavitud moderna no se abole, se disimula
El 2 de diciembre nos recuerda una verdad incómoda. La esclavitud clásica fue abolida.
Pero la nueva, la emocional, la económica, la digital, la psicológica… esa sigue viva
Y seguirá mientras aceptemos como normal vivir sin tiempo, sin descanso, sin voz y sin capacidad real de decidir sobre nuestros propios ritmos
Nadie vendrá a liberarnos
No habrá decreto
No habrá cadena rota en una plaza pública. La libertad del siglo XXI es una conquista diaria, individual y colectiva. Una resistencia frente a un sistema que prefiere ciudadanos agotados antes que ciudadanos críticos
Abolir la esclavitud de hoy es entenderla
Y quizá el primer paso para romperla sea atrevernos a decirlo alto
Nombrarla
Señalarla
No disfrazarla
No justificarla
Este editorial no busca el aplauso
Busca incomodar
Porque la libertad nunca ha nacido del silencio.
Por César Martínez.
