El 2025 se va.
Y no se va de puntillas.

Se marcha dejando cansancio, heridas que aún escuecen e incertidumbres que no entienden de calendarios. Para muchas personas no ha sido un año sencillo. Afirmar lo contrario sería faltar a la verdad.

En la Sierra, como en tantos rincones del país, ha habido hogares donde llegar a fin de mes se ha convertido en una batalla silenciosa. Personas que han tenido que reinventarse sin red, mayores que sostienen con dignidad lo que ya pesa, jóvenes que avanzan con más dudas que certezas y familias que han aprendido a vivir con menos sin perderlo todo.

No es tiempo de discursos huecos ni de optimismo impostado. La realidad no se maquilla.

Pero tampoco podemos permitirnos perder algo esencial: la ilusión. Aunque sea pequeña, frágil y a veces casi invisible. La experiencia —la personal y la colectiva— enseña algo con claridad: todo pasa. Lo bueno y lo malo. Y cuando lo malo parece eterno, siempre acaba moviéndose, aunque no sea al ritmo que desearíamos.

Cerrar un año no significa empezar otro desde cero. Significa continuar. Con lo aprendido, con las cicatrices, con menos ingenuidad quizá, pero con más conciencia. Cada final de año es una pausa necesaria para mirar atrás y reconocer el esfuerzo de quienes, sencillamente, no se rindieron.

No todo se mide en logros.
A veces, el mayor triunfo es haber resistido.

El 2026 no llega con promesas escritas. Nadie puede garantizar que será fácil. Pero sí puede ser distinto. Y en esa diferencia —en una oportunidad inesperada, en un gesto, en un cambio pequeño— suele empezar todo.

Desde Objetivo Sierra de Albacete y Digital Fly, despedimos el año con un mensaje claro y honesto: no estás solo. Si este año te quitó cosas, el siguiente puede devolverte tiempo, calma o caminos nuevos. Si te dejó cansado, quizá te regale pausas. Y si ahora mismo no ves salida, conviene recordar que no ver no significa que no exista.

Entramos en 2026 sin fuegos artificiales innecesarios, pero con algo más valioso: la convicción de que resistir también es avanzar, y de que incluso en los momentos más duros, la vida sigue abriendo puertas, aunque a veces lo haga en silencio.

Feliz 2026.
Con los pies en la tierra.
Y la mirada, un poco más alta.

Por César Martínez