En el programa «Pasajeros al tren» programa presentado y dirigido por María Reinoso y Fran Álvarez y que se emite cada tarde a las 17 horas en Digital Fly Radio -La Radio de la España Rural- han dedicado las dos horas del programa, al 25 de noviembre. Desde Objetivo Sierra de Albacete hubiéramos preferido no tener que hacer este tipo de programas. Pero la realidad es otra. 25 Noviembre, «Dia Internacional para erradicar la violencia contra la mujer». Basta ya¡
Hoy las vías no son metálicas: están hechas de nombres, de historias, de supervivientes, de ausencias que duelen. Porque es 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, y en este espacio —que recorre pueblos, carreteras secundarias y voces que a veces no se escuchan— no podíamos mirar hacia otro lado.
No hoy. No cuando tantas mujeres del mundo rural siguen viviendo en silencio realidades que deberían estremecer a un país entero.
Porque en las ciudades duele… pero en los pueblos, a veces, duele el doble.
Aquí, donde todos se conocen, donde cada puerta tiene memoria, donde la privacidad es un paisaje pequeño, la violencia machista adquiere formas más silenciosas y más crueles.
Aquí no hay centros especializados en cada esquina, ni transporte público cada 20 minutos, ni unidades policiales a cinco minutos de casa. Aquí, pedir ayuda puede significar exponerse delante de toda una comunidad. Y callar… puede parecer más fácil. Pero también mata.
En el rural, la violencia no siempre grita: muchas veces susurra. Se esconde detrás de la frase “son cosas de casa”, detrás de la vergüenza, detrás del miedo a que el pueblo señale… o a que no crea.
Aquí falta acceso, falta acompañamiento, faltan recursos. Pero sobre todo falta justicia social hacia las mujeres que, incluso en el infierno, siguen levantándose para cuidar hijas, padres, animales, campos.
Hay mujeres que sobreviven en silencio porque no pueden irse… y otras que no sobreviven porque nadie llegó a tiempo.
Por eso hoy este tren abre las puertas a quienes trabajan para que ese tiempo llegue.
A quienes acompañan, a quienes atienden, a quienes protegen, a quienes escuchan.
Y, sobre todo, a quienes alzan la voz para que ninguna mujer tenga que decidir entre su vida y su pueblo.
Porque en el rural no faltan mujeres valientes: faltan los recursos para que su valentía no sea una condena.
La violencia machista no es un problema privado, ni doméstico, ni geográfico.
Es una emergencia social.
Y aquí, en los pueblos, donde los silencios suenan más fuerte, la urgencia es mayor.
Hoy vamos a hablar del miedo… pero también de la esperanza. De quienes sufren… pero también de quienes acompañan. De las ausencias… pero también de las supervivientes que merecen un futuro digno.
Porque la lucha contra la violencia machista no se hace solo desde los despachos: se hace desde las calles, desde las asociaciones, desde los CEAS, desde los centros de la mujer, desde cada vecina que dice “yo te creo”, “yo te acompaño”, “yo te protejo”. Hoy este tren viaja en su nombre.
Y que nadie se equivoque: el mundo rural no es un lugar atrasado ni inmóvil.
Es un lugar que necesita recursos, necesita estado, necesita políticas públicas, necesita ser escuchado.
Es un lugar donde la violencia existe —como en cualquier parte—, pero donde la respuesta institucional llega demasiado tarde o está demasiado lejos. Por eso hoy, desde este vagón que recorre comarcas enteras, decimos con claridad: no hay igualdad real sin igualdad territorial. No hay protección real si no llega a cada pueblo.
Por María Reinoso y Fran Álvarez.
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